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Una visión hacia la inclusión

11 de mayo de 2018

La filosofía de la inclusión consiste en promover las oportunidades para que todos los niños participen, aprendan y reciban un trato igualitario, independientemente de sus capacidades intelectuales o físicas. Esto significa que todos los alumnos son bienvenidos en las escuelas de su barrio, en aulas regulares y adecuadas a su edad cronológica, y reciben apoyo para aprender y participar en todos los aspectos de la vida escolar.

A pesar del loable progreso alcanzado durante las dos últimas décadas para ampliar la inclusión de los alumnos con discapacidad y garantizar su igualdad de oportunidades en la educación, esto sigue representando un desafío en casi todo el mundo.

La inclusión de los alumnos con discapacidad requiere el desarrollo de políticas integrales y equitativas para reconocer que las dificultades a las que se enfrenta la aplicación de la inclusión surgen de aspectos del propio sistema educativo, entre ellos: las formas en que se organizan los sistemas educativos, las estrategias de enseñanza proporcionadas, el entorno educativo y las maneras en que se apoya y evalúa el progreso de los alumnos. Y lo más importante es traducir este reconocimiento en reformas tangibles, y ver las diferencias individuales no como un problema que deba solucionarse, sino como oportunidades para democratizar la diversidad, respetar la dignidad humana y enriquecer el aprendizaje.

El currículo se considera el medio central para hacer efectivos los principios de inclusión en el sistema educativo. El diseño de planes de estudio que incluyan a todos los alumnos implica ampliar la definición de aprendizaje empleada por docentes y responsables de la toma de decisiones en educación. Mientras el aprendizaje se defina de manera restrictiva como la adquisición de conocimientos impartidos por el docente, es probable que los planes de estudio y las prácticas pedagógicas estructuradas estén estrictamente cerrados, mientras que los currículos inclusivos se basan en la visión de que el aprendizaje ocurre cuando los alumnos participan activamente, tomando la iniciativa en la comprensión de sus experiencias. En esta perspectiva renovada, el rol del docente pasa a ser facilitar el aprendizaje de los alumnos. Esto hace posible enseñar juntos a un grupo diverso de alumnos para responder a sus distintas características y necesidades educativas. De este modo, los alumnos no necesitan encontrarse en el mismo punto de su aprendizaje ni recibir las mismas instrucciones de su docente. En su lugar, pueden trabajar a su propio ritmo y a su manera, dentro de un marco común de objetivos y actividades. Este método también fomenta el sentido de pertenencia a la comunidad, una comprensión compartida de los valores fundamentales y la ciudadanía, y el sentimiento de formar parte de una sociedad más amplia y de una humanidad compartida.

La transición hacia la inclusión no es un mero cambio técnico u organizativo, sino un paso en una dirección filosófica clara. Requiere avanzar hacia métodos de trabajo más inclusivos y equitativos que generen transformaciones en la cultura de todo el sistema educativo. Estos cambios abarcan desde transformaciones en los valores y las formas de pensar de los formuladores de políticas, que les permitan ofrecer una nueva visión para forjar una cultura de inclusión, hasta cambios significativos en las escuelas. Esto exige un conjunto compartido de premisas y convicciones, tales como la valoración de las diferencias, la creencia en la colaboración y el compromiso de brindar oportunidades educativas a todos los alumnos, con el fin de ofrecer oportunidades de éxito a cada estudiante, independientemente de la discapacidad.

La inclusión de los alumnos con discapacidad en las aulas de educación general aporta innumerables beneficios, que se extienden tanto a los alumnos con discapacidad como a aquellos sin ella. Numerosas investigaciones durante las dos últimas décadas han demostrado los beneficios de la inclusión para todos los participantes en el proceso cuando las escuelas acogen a alumnos con discapacidad en un entorno general. Existen mayores oportunidades para el crecimiento académico, ya que contarán con un mayor acceso al currículo general. Con una mayor exposición a los desafíos del aprendizaje, tienen mejores oportunidades de dar pasos más significativos hacia adelante. Además, aumentan las oportunidades para fortalecer las habilidades sociales y el acceso a modelos de conducta adecuados mediante la interacción con sus compañeros en el entorno de educación general. Estar en dicho entorno brinda más oportunidades a los alumnos para poder socializar, y aumenta la autoestima y la confianza en sí mismos. Su autoestima recibe un gran impulso al encontrarse entre sus compañeros en un entorno ordinario, lo que genera mayores oportunidades de aceptación en la sociedad. Por otra parte, los alumnos sin discapacidad se beneficiarán de tener amigos y de experimentar sentimientos de autoestima cuando se les solicita ayudar o enseñar a sus compañeros.

Uno de los principales problemas que afrontan los alumnos con discapacidad al integrarse en las aulas de educación general es que el docente responsable de la clase podría no contar con una formación formal en educación especial que le permita afrontar y abordar las dificultades. Por lo tanto, es indispensable que las escuelas ordinarias dispongan de un equipo de apoyo adecuadamente capacitado para ayudar a los alumnos con discapacidad ante cualquier dificultad a la que puedan enfrentarse.

Publicado originalmente en árabe. Esta versión en español se ha generado mediante traducción asistida por IA; el original en árabe prevalece como referencia.

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