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Para familias

¿Cómo motivar a los estudiantes a adquirir nuevas habilidades y conductas y a mantener las adquiridas? Métodos para descubrir reforzadores

1 de noviembre de 2021

En menos de 3 semanas comenzará el nuevo curso escolar y parece que mis compañeras y compañeros especialistas y docentes estamos preparados. Hemos establecido el esquema inicial de los planes terapéuticos y pedagógicos para nuestros alumnos y alumnas. Podríamos verificar la adecuación de los objetivos a su nivel actual por si acaso hubiera disminuido (esto, por supuesto, si no asistieron a buenos programas de verano) y es posible que tengamos una idea de las estrategias pedagógicas que utilizaremos con ellos, pues todos esperamos comenzar un nuevo curso escolar y ofrecer un servicio de mayor eficacia y eficiencia.

Pero lo más importante es cómo alcanzar estos objetivos establecidos para ellos y los procedimientos a seguir para ayudarles a adquirir habilidades y reducir las conductas no deseadas. Aunque la sesión educativa para niños con necesidades especiales necesita enriquecerse con actividades y oportunidades de aprendizaje, debe prepararse y organizarse con antelación. Esto no se logra con la mera presencia física junto al niño dentro de la sala terapéutica mientras múltiples interrogantes rodean al especialista y al niño. La sesión educativa requiere cierto tipo de ingeniería, de modo que el especialista conozca cada rincón del lugar y lo que contiene, además de saber todo lo que le gusta y prefiere el niño, y aprovecharlo para enseñarle nuevas habilidades y conductas y para seguir la rutina de la sesión (o de la jornada escolar).

El niño con necesidades especiales puede tener una baja motivación hacia el aprendizaje de algo nuevo o puede realizar una conducta no deseada como medio de comunicación, y podría parecernos que esto es un rasgo característico de las personas con necesidades especiales, cuando la realidad no es esa. Por lo tanto, el especialista tiene el papel principal en descubrir todo lo que motiva al niño, de modo que cuente con una lista de varias actividades y objetos que utilizará para reforzarlo y motivarlo al trabajar en su enseñanza, en dotarlo de nuevas habilidades y en mantener las adquiridas, diversificando su uso con el niño sin centrarse en un solo motivador para que dicho reforzador no pierda su valor al llegar el niño al estado de saciedad. Existen muchos métodos estructurados que ayudan al especialista a identificar las actividades, objetos y alimentos (como: frutas deshidratadas, dulces y patatas fritas crujientes) preferidos del niño, mediante la evaluación de la preferencia de estos elementos y el grado de interés del niño por obtenerlos.

No es necesario que apliquemos todos estos métodos, sino que elijamos el método adecuado para el estudiante y para la situación en la que se encuentra. No obstante, en función de mi experiencia y formación en el campo del análisis de conducta aplicado y la educación especial, aquí resumo brevemente algunos de ellos:

El primero: preguntar a la familia o a las personas que conocen bien al niño sobre las cosas que le gustan. Este método puede ser sencillo, pero su grado de fiabilidad puede ser bajo.

El otro método: presentar las actividades/estímulos de forma individual. Consiste en presentar los objetos preferidos por separado y medir el tiempo que el niño pasa jugando o interactuando con ese estímulo, así como la rapidez de respuesta hacia cada estímulo. Por ejemplo, el especialista presenta los objetos preferidos al niño individualmente y espera la respuesta del niño hacia ellos y el tiempo dedicado a involucrarse con el juego; tras dejarlo, se presenta otro y se anota la información en el formulario de registro (electrónico o en papel) obtenida por el evaluador a partir de la observación directa.

Tercero: la elección entre dos elementos o lo que se conoce como evaluación binaria: se realiza presentando un conjunto de actividades/estímulos (por ejemplo, 6 actividades/objetos/alimentos) en pares ante el niño de forma aleatoria en repetidas ocasiones, calculando el número y porcentaje de elecciones de esos estímulos por parte del niño en todas las ocasiones y comparándolo con los otros elementos. Por ejemplo, el especialista reúne seis reforzadores y presenta dos al niño cada vez, registrando lo que el niño elige entre los dos en cada ocasión.

Cuarto: presentación de múltiples actividades/juegos con reposición: se realiza presentando todas las actividades ante el niño y midiendo el orden de su iniciativa para obtener cada uno de estos juegos y volviendo a colocarlo en la serie. Para mayor claridad, el especialista presenta varios objetos preferidos ordenados ante el niño como (dulces, patatas fritas, pelota, oso, coche) y le pide al niño que elija; si el niño elige el oso, juega con él durante cinco segundos, luego el especialista lo toma y vuelve a ordenarlos manteniendo todos los objetos ante el niño.

Quinto: presentación de múltiples estímulos sin reposición: se realiza presentando todos los estímulos/actividades/alimentos ante el niño y, después de que elija uno, se registra en el formulario de registro y se retira el estímulo para identificar el de mayor y menor importancia para el niño, o hasta que el niño deje de elegir. Por ejemplo, el especialista presenta un grupo de actividades/juegos/objetos ante el niño como (dulces, patatas fritas, pelota, oso, coche) y le pide que elija. Si el niño elige la pelota, el especialista le permite jugar con ella durante cinco segundos, luego el especialista la toma y reorganiza los demás objetos (sin la pelota en la segunda ocasión), y así sucesivamente hasta que el niño termine de elegirlos todos o deje de elegir.

Por último: la observación estructurada y restringida a elementos específicos. De manera simplificada: que el lugar de observación cuente con un número determinado de actividades y juegos, y el niño esté limitado a elegir entre lo que hay presente. Por el contrario, la observación libre es aquella en la que el especialista aplica este método en el jardín, por ejemplo, y deja que el niño elija lo que desee sin intervenir, midiendo únicamente el tiempo que el niño ha permanecido involucrado en esa actividad.

Estos son algunos métodos que pueden ayudarnos como especialistas y docentes a descubrir los reforzadores y las actividades predilectas de nuestros estudiantes, pero debemos equilibrar y aplicar nuestro juicio clínico (Clinical judgement) entre las evaluaciones que requieren mucho tiempo y las breves, lo adecuado para un estudiante y no para otro, y el momento de aplicar estas evaluaciones. Por ejemplo, utilizamos un método breve si tenemos una sobrecarga de tareas y no disponemos de tiempo suficiente para realizar una evaluación exhaustiva de preferencia de reforzadores.

Debemos tener en cuenta la edad mental del estudiante, el nivel de comunicación y si presenta problemas conductuales que puedan obstaculizar o afectar la realización de la evaluación de identificación de reforzadores. Asimismo, debemos variar los tipos de actividades y no centrarnos únicamente en el uso de alimentos. Es preferible realizar estas evaluaciones y la identificación de reforzadores de forma periódica, pudiendo llegar a varias veces a lo largo del día o de la sesión terapéutica.

En conclusión, el hecho de que el especialista y el docente utilicen uno de estos métodos o combinen varios de ellos les facilita impartir una sesión o clase terapéutica y educativa flexible y amena en la que el niño obtenga lo que le gusta, y facilita al especialista gestionar la sesión de manera organizada y ayudar al estudiante a adquirir nuevas habilidades y a mantener las adquiridas, logrando así que el servicio prestado sea de mayor eficacia y eficiencia.



Escrito por: Dña. Nour Al-Huda Mousa

 

Publicado originalmente en árabe. Esta versión en español se ha generado mediante traducción asistida por IA; el original en árabe prevalece como referencia.

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