5 creencias comunes sobre la lengua de signos y el trastorno del espectro autista
18 de junio de 2020
Hasta hace poco, muchos expertos en educación especial eran reacios a enseñar la lengua de signos a niños con trastorno del espectro autista o a animar a los padres a practicar la lengua de signos en casa. Esta reticencia se debe a una serie de creencias y prejuicios contra la lengua de signos, la mayoría de los cuales han demostrado ser erróneos a través de estudios e investigaciones actuales más profundos.
A algunos especialistas les preocupa que enseñar la lengua de signos disuada a los niños con trastorno del espectro autista de adquirir el lenguaje hablado, cree barreras sociales adicionales entre los niños con trastorno del espectro autista y sus compañeros, o resulte agotador al exigir que los docentes y los padres se vuelvan efectivamente bilingües.
Creencias comunes sobre la lengua de signos:
Muchos estudios sobre los efectos de la lengua de signos en niños con trastorno del espectro autista han demostrado que enseñar al menos algunos signos básicos en los programas de educación infantil temprana o en el hogar puede ser beneficioso, especialmente para niños no verbales o verbales con trastorno del espectro autista. A continuación, se presentan las 5 creencias comunes principales que hacen que los educadores duden en utilizar todos los medios disponibles para comunicarse con niños con trastorno del espectro autista:
Primera creencia: Aprender la lengua de signos reducirá la probabilidad de que los niños con trastorno del espectro autista hablen.
La realidad: Aunque este error es prevalente y persistente, las investigaciones muestran que la lengua de signos y el lenguaje hablado son complementarios, y que aprender la lengua de signos puede ayudar a los niños con trastorno del espectro autista a aprender a hablar. Esto se debe a que la adquisición de estos dos lenguajes diversos y distintivos es notablemente similar, aunque los lenguajes en sí mismos sean muy diferentes. Específicamente, la adquisición del lenguaje es similar porque el cerebro en desarrollo procesa tanto el lenguaje visual como el auditivo de la misma manera. En general, es más probable que los niños con trastorno del espectro autista sean aprendices visuales que auditivos, por lo que tiene sentido aprovechar las fortalezas lingüísticas en lugar de las áreas de necesidad al enseñar habilidades de comunicación por primera vez. Además, cuando los niños que desarrollan habilidades lingüísticas experimentan el éxito y ven el poder de expresar sus necesidades con los demás, esto los anima a intentar aprender nuevas habilidades.
Segunda creencia: La lengua de signos no es un lenguaje "real" de la misma manera que el lenguaje hablado es un lenguaje real.
Realidad: Al igual que el lenguaje hablado, la lengua de signos es un modelo comunicativo simbólico complejo y sofisticado que puede combinarse con otras formas de comunicación no verbal, como el intercambio de imágenes, los gestos, las expresiones faciales e incluso la mirada, para expresarse de manera eficaz. Al igual que el lenguaje hablado, la lengua de signos es un lenguaje natural con sus propias estructuras gramaticales, modismos, signos, palabras y expresiones figurativas.
Tercera creencia: Aprender la lengua de signos y el lenguaje hablado al mismo tiempo distrae al niño.
Realidad: Las investigaciones muestran que la lengua de signos y otras habilidades de adquisición del lenguaje se pueden enseñar juntas sin distraer a los niños. De hecho, se ha demostrado que enseñar la lengua de signos y el lenguaje hablado simultáneamente ayuda a los niños con trastorno del espectro autista a mejorar en el inglés hablado, a alcanzar una mayor alfabetización en el inglés escrito y a desarrollar una mayor competencia comunicativa en general. Restringir o prohibir el aprendizaje de una forma de lenguaje con el fin de promover o mejorar el uso de otra forma no es necesario, ya que aprender ambas favorece en realidad el desarrollo de un lenguaje fluido e integrado.
Cuarta creencia: Para enseñar la lengua de signos, debo hablar con fluidez la lengua de signos.
Realidad: Esto es como decir que para ayudar a su hijo a aprender matemáticas en la escuela primaria debe tener un doctorado en cálculo, o que para enseñarle habilidades culinarias debe tener un título en artes culinarias. Todo lo que los educadores y los padres deben hacer para comunicarse mediante la lengua de signos y enseñarla a niños con trastorno del espectro autista es ir unos pocos signos por delante del niño. Existen muchas herramientas gratuitas y económicas para aprender signos básicos, que es todo lo que necesita al intentar enseñar y comunicarse con un niño pequeño.
Quinta creencia: Nadie entenderá a un niño con trastorno del autismo que utiliza signos, por lo que aprender la lengua de signos creará más barreras sociales y personales entre los niños con trastorno del espectro autista y sus compañeros.
Realidad: Comunicarse de cualquier forma es bueno para las habilidades sociales e interpersonales. Si un niño está abierto a aprender signos básicos a una edad temprana, esto no solo promoverá y potenciará la interacción con la familia y los compañeros, sino que también ayudará al niño a desarrollar capacidades cognitivas más sólidas, adquirir conocimientos, participar plenamente en el mundo que lo rodea y adquirir un mayor sentido de identidad personal.
Además de todos los mitos y temores mencionados anteriormente, muchos especialistas y padres se sienten confundidos acerca de cuándo introducir la lengua de signos a los niños, dado que se utilizan otras herramientas de comunicación como los dispositivos electrónicos de asistencia y el Sistema de Comunicación por Intercambio de Imágenes (PECS), y si los niños que utilizan otras herramientas de comunicación también necesitan la lengua de signos.
La realidad es que nunca es demasiado temprano para intentar comunicarse con niños no verbales o verbales con trastorno del espectro autista. Si bien la lengua de signos puede ayudar con el habla, cuando se trata de niños con trastorno del espectro autista, el lenguaje hablado no debe ser el objetivo final ni la medida definitiva del éxito. El objetivo final es la competencia comunicativa, no una forma específica de comunicación.
En otras palabras, la pregunta debería ser: "¿Se comunica bien el niño?" o "¿Puedo entender al niño?", y no: "¿Cómo se comunica el niño?" o "¿Se comunica el niño de la manera 'correcta'?".
Dado que el nivel de competencia comunicativa que adquieren los niños con trastorno del espectro autista es un indicador del rendimiento académico futuro y de las habilidades sociales y adaptativas, debemos seguir utilizando todos los métodos a nuestro alcance para mejorar los resultados en la educación infantil temprana.
Fuente adaptada
Publicado originalmente en árabe. Esta versión en español se ha generado mediante traducción asistida por IA; el original en árabe prevalece como referencia.






